Retail trends 2020

Thinking Real Estate

China: una mirada al futuro del retail (y del consumo)

 

En el gigante asiático no estamos viendo una evolución del retail, sino un cambio de paradigma económico y social en tiempo real.

Acabamos de regresar de un viaje de estudios a China con la AECC, Asociación Española de Centros y Parques Comerciales, donde hemos visitado ciudades como Beijin, Shangai y Chengdú.

China ha pasado en una generación de ser una economía de producción a convertirse en uno de los principales motores del consumo global, especialmente en categorías como el lujo, donde ya lidera el mercado mundial. Pero lo más relevante no es el volumen, sino la velocidad y profundidad del cambio.

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En retail, esto se traduce en espacios extremadamente sofisticados, con una apuesta masiva por el diseño, la arquitectura y la marca. Centros comerciales verticales, centros abiertos, regeneraciones urbanas, centros más especializados, donde el lujo ocupa las posiciones más estratégicas y donde firmas como Louis Vuitton marcan una presencia dominante. Todo ello acompañado de una nueva generación de marcas, deportivas, lifestyle o mass market, con una identidad muy trabajada y un nivel de ejecución sobresaliente. Destacar a modo de ejemplo marcas como Descente (deporte), Gentle Monster (gafas), Arcteryx (deporte), Anta (deporte), Urban Revivo (moda).

Pero detrás de esta imagen de potencia hay un cambio más profundo: el del consumidor.

China está transitando desde un modelo de consumo aspiracional a uno más racional. La clase media sigue siendo enorme, pero es más prudente, más selectiva y busca valor, no solo estatus. Esto convive con un segmento de alto poder adquisitivo que sigue impulsando el lujo, pero con nuevas exigencias: personalización, experiencia y diferenciación.

A nivel global, el contexto para el mercado del lujo es también cada vez más selectivo y se percibe una moderación en la expansión física de las marcas. En el caso de China, este ajuste responde en gran medida a un efecto calendario: muchas de las inauguraciones recientes estaban vinculadas a los grandes desarrollos prime que hemos visto y que fueron concebidos en ciclos de demanda anteriores. Una vez absorbido ese pipeline, la actividad de expansión es normal que desacelere.

Pero la base ya está puesta tras un crecimiento rapidísimo y descentralizado: nuevas ciudades y regiones han ganado protagonismo, impulsadas por la urbanización y el aumento de renta, lo que multiplica las oportunidades… pero también la complejidad del mercado.

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Un cliente más exigente, más digital y más racional, en un mercado que ya no crece por volumen, sino por valor.

Y todo ello ocurre en un entorno completamente digitalizado. China no entiende la separación entre online y físico: el consumidor espera inmediatez, personalización y una experiencia integrada en todo momento. Aquí, la tecnología no es un añadido, es la base del sistema.

Lo que hemos visto estos días es que China no solo anticipa tendencias, está redefiniendo las reglas del consumo global: un cliente más exigente, más digital y más racional, en un mercado que ya no crece por volumen, sino por valor.

Un modelo complejo, en plena transformación… pero claramente imparable.

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