Eficiencia, productividad, jerarquía. Durante años, estas palabras han marcado el diseño de los espacios de trabajo con el objetivo de lograr una mayor eficiencia mediante una distribución racional de los espacios.
Funcionalista como una máquina, la jerarquía determinaba la asignación de metros cuadrados y la ubicación de los puestos en la planta del edificio: a más jerarquía, más metros y más luz natural. Y, al final, como quien decora una tarta, llegaba la imagen corporativa, que solía limitarse a elegir el color de la moqueta y los vinilos que decorarían las mamparas de vidrio.
Luego, con las Dotcom, llegaron otros conceptos más amigables como comunidad, experiencia, desconexión. En ese momento, aún no existía Pinterest, y comprábamos libros y revistas en la Fnac para sorprendernos con las primeras oficinas de Google, en las cuales los colores primarios y los espacios —donde los trabajadores parecían no producir— generaban debate en las organizaciones más tradicionales.
El diseño de espacios corporativos fue evolucionando a medida que la tecnología nos permitía, por ejemplo, dejar de estar atados a la mesa y trabajar desde espacios más informales. Sin embargo, no fue hasta la llegada de la pandemia cuando las reglas del juego cambiaron para siempre: obligados a quedarnos en casa, redescubrimos lo que nos gustaba del trabajo y lo que valorábamos de nuestra vida fuera de la oficina. El espejismo de que había una única manera de producir se rompió para muchos.
La postpandemia trajo consigo un panorama nunca visto: una población que no quería regresar a las oficinas ni a los espacios corporativos, que prefería quedarse en casa teletrabajando o incluso renunciaba a sus empleos solo para disfrutar de más tiempo libre. Una tendencia que, incluso, recibió un nombre propio: "La Gran Renuncia".
El 2024, marcado por la decisión de Amazon de exigir a sus trabajadores regresar a la oficina, se convirtió en el año del retorno a los espacios corporativos. Sin embargo, este cambio fue percibido más como una condena que como una buena noticia. ¿Por qué? Porque nadie quería volver al pasado. Durante la cuarentena, se había despertado un sentido de superación que ya no podía ignorarse.
Y así comenzamos el 2025, enfrentándonos a dos opciones: olvidar lo que habíamos sentido y resignarnos a la rutina en un espacio prepandémico, o entender este momento como una oportunidad. Una oportunidad para volver a ilusionarnos con aquello que nos gusta hacer, con el trabajo que hemos elegido o deseamos conseguir. Una oportunidad para reencontrarnos en un espacio diseñado para esta nueva versión de nosotros mismos: como individuos, como sociedad y como organización. Un espacio que imagino será:
Inspirador y Alegre
Lejos de los espacios anónimos que marcaron tendencia durante años, el nuevo lugar de trabajo se alejará de ser frío como una caja de zapatos con iluminación homogénea donde la palabra clave era "flexibilidad". Este será concebido como un sistema de espacios diseñados para diferentes formas de trabajar: amigable, con colores y texturas naturales, mobiliario y luminarias singulares seleccionados según las necesidades de cada área. Será un espacio inspirador, que despierte alegría, en el que las personas se sientan únicas y otorguen un valor trascendental a su trabajo.
Dinámico
Nuevas herramientas, como la inteligencia artificial, transformarán de manera rápida y radical nuestra forma de trabajar. El nuevo espacio de trabajo deberá contar con áreas destinadas a la formación y educación continua, no solo para los integrantes de la organización, sino también para partners y clientes, abarcando a todos aquellos involucrados en el negocio. Espacios para colaborar con otras empresas o personas externas, áreas de investigación y zonas de concentración para el estudio serán elementos clave dentro del programa.
Transformador
El nuevo espacio de trabajo facilitaría la transformación de la organización, permitiendo implementar nuevos modelos de negocio alineados con las necesidades del mercado y aprovechando el talento de las personas para llevarlos a cabo. Los espacios inspiradores permitirían a las personas ser el motor de cambio, pero también serán facilitadores de nuevos procesos, despertando nuevas dinámicas de trabajo más horizontales e inclusivas.
Promotor del bienestar
El espacio fomentará el bienestar mediante el uso de luz natural, la conexión visual con el paisaje exterior, la integración de elementos de biofilia y la elección de materiales no contaminantes. Un espacio que promueva el bienestar tendrá un impacto directo en la creatividad, la productividad y, en última instancia, en el éxito de la organización.
Impulsor de la Innovación
Innovar requiere ambición y, en muchos casos, la capacidad de imaginar escenarios diferentes al actual. Para ello, se necesitan espacios out of the box que impulsen la creatividad, redefinan objetivos y permitan soñar con nuevos modelos de negocio. Estos espacios, pensados como cápsulas independientes de la organización, deberán incluir áreas adaptadas a diferentes dinámicas y estar abiertos al exterior para permitir la realización de Hackathons o, por ejemplo, de eventos con estudiantes.
Promotor del cuidado del planeta
A través del diseño debemos sensibilizar a las personas sobre la importancia de cuidar el planeta y replantear nuestra relación con la naturaleza. Por eso, los nuevos espacios incorporarán materiales que nos recuerden a entornos naturales mediante texturas, tejidos y un diseño de iluminación sostenible. Jardines, terrazas y patios, pensados para trabajar de manera individual o en equipo, formarán parte del ecosistema de opciones disponibles en el día a día. Será clave hacer del cuidado del planeta un objetivo prioritario.
Ninguna de estas ideas es nueva, llevan tiempo sobre la mesa. Pero, quizás es el momento de abordarlas desde una perspectiva más humana, ambiciosa y creativa. Tenemos una oportunidad la de diseñar espacios de trabajo que sean realmente una oportunidad de cambio. La decisión es nuestra.
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