Una de las lecciones más positivas que hemos aprendido es que la inmensa mayoría de las personas que ha teletrabajado.
Si una cosa hemos aprendido de las distintas crisis inmobiliarias de los últimos 30 años, es que las prioridades de las personas para elegir su lugar de residencia, varían en función de las situaciones coyunturales y socioeconómicas.
En los primeros años del siglo XXI (hasta 2008), se produjo un éxodo de las principales ciudades españolas a los municipios circundantes, principalmente buscando la compra de una vivienda a un precio más asequible. Sin embargo, ello llevó aparejado a un incremento de la presión sobre movilidad interurbana para desplazarse del domicilio al trabajo y viceversa, que obligó a las CCAA a invertir muchos recursos en transporte y carreteras. Con la llegada de la última crisis inmobiliaria, entre los años 2008-2014, se produjo un reagrupamiento de la demanda de residencial nuevamente al centro de las grandes urbes, principalmente en régimen de alquiler, que se ha traducido en un tensionamiento de precios que ha llevado en alguna ciudad a intentar adoptar medidas de intervención, con el fin de facilitar el acceso a la vivienda.
Desde hace algo más de un mes, de la noche a la mañana, hemos pasado de llevar una vida socialmente activa, a estar confinados en nuestros domicilios, teletrabajando, compaginando labores familiares y sin poder desplazarnos libremente.
Una de las lecciones más positivas que hemos aprendido es que la inmensa mayoría de las personas que ha teletrabajado, lo ha hecho sin gran problema superando las complicaciones y, por tanto, las dudas existentes sobre la conciliación laboral y familiar se han visto disipadas. A partir de este momento, cuando se vuelva a la actividad ordinaria, se debe abrir un doble debate que afecta al funcionamiento de las ciudades:
- ¿Es necesario que los horarios de trabajo se centralicen en torno a una hora concreta (9.00) o se debería flexibilizar ampliamente los horarios de entrada y salida?
- ¿Es factible teletrabajar varios días a la semana?
Si cuando finalice el confinamiento estas dos preguntas fueran positivas, la forma de pensar a la hora de elegir nuestro lugar residencia cambiaría para un 70% de los residentes de las grandes urbes generándose otras preguntas que afectan a la planificación personal:
- ¿Es necesario vivir cerca del trabajo si me tengo que desplazar a la oficina sólo algunos días a la semana?
- ¿Si se implanta la flexibilidad horaria y disminuyen considerablemente los atascos por desaparecer la hora punta, una de mis prioridades seguirá siendo vivir cerca del trabajo?
Viendo como una mejor opción para vivir, una residencia fuera del centro de la ciudad. Entonces, ¿cuáles serían las nuevas variables que esa demanda tendría en cuenta?.
Una idea generalizada es que las distancias en las grandes ciudades no se miden por el sistema métrico (metros, kilómetros) sino por cuanto tardo a mi destino (horas o minutos).
Si esas preguntas se disiparan, podría llegarse a la conclusión que las necesidades futuras para cambiarse de residencia pueden cambiar radicalmente en muchas personas. Viendo como una mejor opción para vivir, una residencia fuera del centro de la ciudad. Entonces, ¿cuáles serían las nuevas variables que esa demanda tendría en cuenta?.
A mi modo de parecer serían las siguientes:
- Cambiar de residencia por un precio similar.
- Ganar superficie de vivienda.
- Sustituir una comunidad vertical por otra horizontal.
- Disponer de un espacio para el teletrabajo.
- Transporte público que me permita llegar a mi puesto de trabajo en 30 – 40 minutos.
- Equipamientos de calidad cercanos (colegios, zonas verdes, servicios sanitarios y otros equipamientos).
Ahora bien, si este desplazamiento de la demanda se produce, nos volveríamos a encontrar que no existe stock de vivienda disponible para dar cobertura a esa demanda.
En definitiva, creo que cuando superemos esta crisis, las prioridades para la búsqueda de vivienda van a cambiar sustancialmente, por lo que sería necesario poner en cartera nuevo suelo finalista para el necesario desarrollo de nuevos suelos en los cinturones de las grandes urbes. Por ello, la gestión urbanística debe ser capaz de adelantarse como pieza clave para un mercado residencial acorde a los cambios que los efectos de la pandemia y el confinamiento van a generar en la demanda para los próximos años.

.jpg)
.png)
.jpg)
.png)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
