Los nuevos hábitos de consumo están modificando muchos de los modelos tradicionales de negocio más consolidados y el inmobiliario siempre resilente, se está adaptando a estos cambios.
La gente ya no alquila películas en los video clubs tradicionales de toda la vida, sino que utiliza plataformas en streaming, tales como Netflix, Prime Video o HBO. No compra discos, sino que paga una cuota mensual por escucharlos en Spotify, Apple Music o YouTube. Cada vez son más los que descartan la opción de tener un vehículo en propiedad y optan por diferentes formas de carsharing o motosharing.
La mayoría de grandes ciudades a nivel internacional cuentan incluso con sus propias flotas de bicicletas eléctricas para completar la oferta de un transporte público cada vez más sostenible.
Los nuevos hábitos de consumo están modificando muchos de los modelos tradicionales de negocio más consolidados y el inmobiliario siempre resilente, se está adaptando a estos cambios.
En un mundo dominado por las startups, las tecnológicas y la emprendeduría, el sector inmobiliario ha entendido muy rápido las nuevas necesidades de sus usuarios, pues éstos ya no buscan despachos tradicionales compartimentados y aislados en cubículos, grandes salas de reuniones y plazas de parking en el mismo edificio. Ahora buscan flexibilidad, no ligarse a largos contratos de arrendamiento, espacios compartidos, entornos colaborativos y movilidad sostenible
Fruto de estas nuevas reglas del juego, nacieron los espacios de coworking. Si bien en un principio eran opciones alternativas para los grandes propietarios cuando buscaban rentabilizar espacios secundarios o con poca demanda, a día de hoy son los claros dominadores del mercado de oficinas. Los coworking ya están instaurados en los principales ejes de negocios de todo el mundo, ocupando las mejores ubicaciones y pagando las rentas más altas. Para tener presente la magnitud de este nuevo modelo de negocio inmobiliario, basta con mirar la evolución del sector en los últimos 5 años.
En 2015 apenas medio millón de trabajadores utilizaban estos espacios compartidos, mientras que en 2020, las cifras se acercan ya a los 3 millones, repartidos en más de 27.000 ubicaciones diferentes. Sólo en España el sector genera más de 150 millones de euros en rentas anuales.
Dentro del sector inmobiliario la evolución natural de los espacios colaborativos de trabajo estaba en el residencial y es aquí donde irrumpe con fuerza el coliving. Al igual que muchos de los negocios colaborativos, el origen lo encontramos en Silicon Valey. San Francisco como la mayoría de grandes ciudades del mundo, tiene un gran problema de acceso a la vivienda, por lo que muchos jóvenes profesionales se quedaban sin poder acceder a una vivienda tradicional y acabaron optando por alquilar habitaciones o compartiendo piso con compañeros de trabajo, instaurando así la semilla de los modelos colaborativos residenciales que han acabado evolucionando y consolidándose como coliving. Estos nuevos modelos de negocio, suelen contar con grandes zonas comunes, tanto interiores como exteriores donde los residentes pueden compartir experiencias laborales y vitales, estos nuevos espacios cuentan con zonas de juego, gimnasio, biblioteca, zona de trabajo, sala de cine y todas las comodidades imaginables para sus inquilinos. La suma de todos estos servicios puede hacer que vivir en un coliving llegue a resultar más caro que compartir un piso, pero el usuario del coliving busca interrelaciones personales, sinergias y compartir experiencias con perfiles afines al suyo.
Esta nueva tendencia está atrayendo a grandes inversores institucionales que quieren adaptar sus activos a las nuevas demandas del mercado para hacerlos más atractivos, esta constante actualización de servicios premium hace que el sector de coliving alcance rentabilidades cercanas al 7,5% para esta tipología de activos, resultando mucho más atractivo para el mercado inversor que el negocio residencial tradicional, que suele colocarse por debajo del 5%, marcando un diferencial de 250 puntos.
Por lo que respecta a España, si bien nuestro marco regulatorio nos hace ir a remolque del resto de Europa en este sector, cada vez estamos viendo más fondos internacionales intentando adaptar este modelo de negocio a nuestra legislación, pues España es un claro polo de atracción de talento tanto a nivel universitario como profesional, sin ir más lejos, Barcelona a día de hoy es la veintiunava ciudad del mundo a nivel de Tech City, la séptima de movilidad compartida y la cuarta en calidad de las infraestructuras urbanas.
Como hemos visto, los activos inmobiliarios mutan y se adaptan a las nuevas formas y necesidades de los usuarios en cada uno de los aspectos de su día a día, entorno laboral, vivienda y consumo.
En un mundo dominado por las startups, las tecnológicas y la emprendeduría, el sector inmobiliario ha entendido muy rápido las nuevas necesidades.
Referente a los nuevos hábitos de consumo, la comida a domicilio está creciendo cada año a doble dígito, superando el año pasado los 1.000 millones de euros en España. Fruto de este nuevo mercado nace el fenómeno de las Dark Kitchen. Éstas aparecen para dar una solución al auge y consolidación de los diferentes modelos de comida a domicilio o delivery. Se trata de locales en los que se da total prioridad a las cocinas y en los que desaparece el mobiliario, los camareros únicamente preparan pedidos online para los riders o repartidores de las diferentes plataformas como Glovo, Just Eat, Deliveroo, Uber Eats.
Este nuevo modelo de negocio no necesita una excelente ubicación en términos inmobiliarios, sino que solo precisa de un excelente posicionamiento online. Este cambio de ubicación física por ubicación digital se traduce en una reducción de costes muy relevante, pues se pasa de priorizar buenas ubicaciones, grandes fachadas, zonas con un flujo peatonal consolidado a buscar sólo un espacio diáfano bien conectado en moto o bici de cara a un ágil reparto, lo que se traduce en una renta mucho más económica y sostenible.
Con lo que vemos que este nuevo sector no abrazará el archiconocido mantra de location, location, location.


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